Viajar en moto por la ciudad

Paseando en moto por la Feria de Mataderos.


Ignacio Sáenz Valiente nos lleva a  recorrer un espacio urbano con mucho estilo rural. Desde 1986 esta Feria de Artesanías y Tradiciones Populares Argentinas, exhibe productos y costumbres de la cultura del campo, además de números de danza y destreza criolla, en el apropiado marco de la recova del Mercado de Hacienda.

Haciendo algo de historia, en abril de 1889 fue colocada la piedra fundamental de los nuevos mataderos, que iban a dar por finalizado el ciclo de los de Corrales Viejos ubicados en la zona de Parque de los Patricios, en donde ingresaba la hacienda para ser vendida y faenada .A partir de 1901 se inauguraron las nuevas instalaciones que aún hoy perviven a pesar del tiempo. Hasta ese entonces Mataderos era Nueva Chicago, denominación vinculada a la industria de la carne en esa ciudad.

En moto, saliendo del corazón de la City porteña lleva media hora llegar hasta la Feria de Mataderos.  Al llegar, lo primero que asombra es el corredor de árboles añosos, de frondosas ramas que desprenden una lluvia de agua, mientras uno entra con la moto circulando por la Avenida Lisandro de la Torre.  A este árbol que en otoño desprende  pequeñas flores amarillas que  tapizan las veredas y calles como una alfombra amarilla le dicen “Tipas”. Es una especie que plantada en anchas avenidas, luego de medio siglo, las copas de los árboles crecidos unen sus ramajes creando un techo natural.  Esto da un colorido aspecto al contorno urbano que  simula ser el más agreste de la ciudad.

 La popular Feria de Mataderos nace en la intersección de la Av. Lisandro de la Torre y Av. de los Corrales. Es un espacio que los fines de semana se llena de color. Grupos folklóricos despliegan un abanico de piezas tradicionales al compás de pañuelos en mano que son –dice Ignacio Sáenz Valiente–  en su mayoría de los transeúntes y visitantes ocasionales  que se suman espontáneamente a la fiesta. Zapateos y revuelo de polleras, se mezclan con giros  y contra giros, mientras suenan sin cesar las zambas y chacareras. Por momentos pareciera una postal de campo pero no hemos atravesado los límites de la Capital Federal.  

Estacionamos la moto para disfrutar de los puestos callejeros de artesanías.

 Si seguimos con la moto unas cuadras más por Lisandro de la Torre, llegamos a los puestos de artesanías y comidas regionales. Por aquí  asoman ponchos, mates de todos los tamaños y formas, cuchillos de plata y alpaca labrados, mantas con guardas de diseños criollos, todo muy bien realizado y de calidad. Los puesteros dispuestos de muy buen humor ofrecen su sonrisa, pero ya no los mates que ceban sin cesar,  esto como producto de las restricciones de la post pandemia. Antes, explican que se convidaba a cada quien  se acercara  al puesto y se animara a dar un sorbo a la bombilla, porque dicen que era muy divertido ver las caras de asombro de los turistas al ser convidados y sus gestos al probar un sorbo de nuestra bebida tradicional por excelencia.

De todos modos,  a pesar de que muchos turistas se van sin probar el mate, los más curiosos se van de la Feria con una cátedra de cultura matera encima: qué es un mate, como se ceba adecuadamente, la temperatura correcta,  las hierbas que se le pueden agregar y que hacen bien al organismo. En media hora de escucha atenta, aprenden de las propiedades de la menta, del burrito, el cedrón, la cola de caballo y demás.  Y de los gauchos, que decir, preguntan todo y todo les causa fascinación…

De fondo se escucha que un guía de turismo profesional le cuenta a su grupo acerca de la figura del gaucho. Dice el guía desde su micrófono que apenas se le escucha la voz por el bullicio y la zamba que suena de fondo: “La grandes extensiones de tierra de la pampa  se las fueron apropiando los señores  principales y matar vacas empezó a ser un delito contra la propiedad. El término gauderio (en latín alegre), por deformación se convirtió en gaucho y su antigua  y pródiga libertad se transformó en pobreza. Entonces, el gaucho dejó de ser “un hombre alegre”, ese personaje errante, que al no quererse emplear o unir al ejército, mataba ganado para su subsistencia  y se animaba con el sonar de una guitarra, de pueblo en pueblo , y pasó a ser un fugitivo de la ley y a ser perseguido. Su pobreza y desparpajo luego pasó a ser holgazanería y su aspecto asustaba a la buena gente. Vestidos con una camisa roñosa, cubierta por uno o dos ponchos, dormían bajo los árboles con la silla de sus caballos como almohada. No tenían hogar, iban y venían por la campaña sin rumbo fijo, reuniéndose en grupos de tres o cuatro, entonando muchas veces desafinados versos improvisados sobre los males de amor”. La gente escucha atenta y nosotros continuamos nuestra recorrida…

La moto sigue camino hacia un Museo de tradiciones populares y rurales                                                                                                             

 Subimos a la moto para conocer un punto turístico en donde todo este bagaje cultural rural  y de  costumbres gauchescas puede  encontrarse y descubrirse  los días domingos  de 12 a 18 horas en el Museo de los Corrales. El mismo está ubicado en la Av. de los Corrales  6436. Además de ver utensilios,  mobiliario y tejidos típicos de la vida rural, se pueden ver pinturas originales del pintor costumbrista Florencio Molina Campos. Lo interesante de ello,  es que este pintor, se dedicó a retratar en sus lienzos, de manera casi caricaturesca, la vida rural y sus costumbres. Lo más tradicional del trajín cotidiano como el trabajo, la vida de familia y el esparcimiento, tienen lugar en sus retratos. Sus escenas de pulperías, los viajes en las antiguas carretas y guitarreadas gauchescas florecen acercando al visitante el aroma de la auténtica tradición del campo argentino.

Por ello visitar la Feria de mataderos, es una excelente oportunidad para subirse a la moto y llegarse hasta el campo sin salir de la ciudad. Disfrutar del paseo, una buena comida al paso, aprender de nuestras tradiciones mientras escuchamos excelentes zambas, puede ser una muy buena oportunidad para reconectarnos con nuestras raíces más profundas que, por suerte,  siguen vigentes y se actualizan semana tras semana, en estos pagos urbanos, a minutos de la City Porteña y del conglomerado de cemento.

 

 

 

        

 

 

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