Marcelo Hidalgo Sola

En moto por los caminos que llevan hasta la Pulpería ‘Los Ombúes’.


Marcelo Hidalgo Sola nos lleva hasta la localidad de Exaltación de la Cruz en la provincia de Buenos Aires, para visitarla pulpería más antigua que sigue en funcionamiento desde su fundación. Resguardada por la sombra de dos ombúes centenarios nos abre las puertas para develarnos sus secretos.

Dicen que es el mejor ‘boliche’ de la provincia de Buenos Aires. Este apodo “boliche” es la manera común utilizada hoy en día por los lugareños para nombrar a la antigua pulpería “Los Ombúes”. Un ‘boliche” que es una verdadera reliquia histórica y que sigue en pie y funcionando como desde los días de su fundación hace ya 220 años.

Ubicada en el km 112 de la ruta panamericana ramal Zárate, es visitada por gran cantidad de público local y de turistas y también, por rastreadores de ‘perlas autóctonas’ de los caminos de la historia ya que se sabe, es la pulpería más antigua que está en funcionamiento en la provincia.

En moto, a ritmo fuerte, se llega en una hora y,se convierte en un paseo ideal, si uno estaciona frente al antiguo edificio pintado de celeste y blanco justo a la hora del almuerzo. Desde la cocina llegan los aromas de los platos en preparación y uno se dispone para disfrutar del menú del día acompañado con el vino que ofrece la casa.

 

Las pulperías, su origen,su historia.

Las pulperías comenzaron a surgir por la necesidad de abastecer a los viajeros en medio de los caminos en las interminables llanuras. Y, a medida que la población fue creciendo a su alrededor, se hicieron fundamentales para acompañar la vida de los hombres de campo.

Las primeras pulperías fueron instaladas como mojones estratégicos en medio de los cruces de caminos- como el Camino Real, que iba de Buenos Aires a Lima pasando por el Alto Perú-explica Marcelo Hidalgo Sola – y en cruces de caminos rurales.

Allí se detenían las carretas, los caballos recibían su alimento y descanso, y los viajeros una bebida que les reconfortara el espíritu con alguna comida básica. Pasado el tiempo, se convirtieron en postas de correo, y hacerse hasta allí para buscar la correspondencia se convirtió en una rutina obligada. Una rutina que además se hacía excusa para conversar con los parroquianos, tomar un trago y jugar una partida de cartas. Encendidas partidas de cartas, que se iban tornando más efusivas a medida que corría el alcohol.

 

Un cambio de rumbo necesario

La mayoría de la gente que llegaba a sus puertas pronto olvidaba sus compromisos laborales. Las borracheras se hicieron una ‘plaga’ a la cual había que combatir con la fuerza de la ley. Así, en la primera mitad del siglo XIX, se prohibió la venta de bebidas alcohólicas en estas tabernas gracias a una ley que fuera impulsada por el sector estanciero para salvaguardar el trabajo rural.

 La ley seca, que prohibió la venta de alcohol en las tabernas, les infligió un golpe mortal. Pero, muchas pulperías pudieron encontrar una salida con una reconversión del negocio. Entonces, la mayoría se transformó en “almacén de ramos generales” y pasó a vender todo lo que el hombre de campo podía necesitar.

 Por ello, a pesar del cambio, muchas pulperías siguieron siendo el eje de la vida comercial de la comunidad y también un lugar de encuentro, pero ya de modo fortuito. También como por fuerza natural, siguieron siendo el lugar privilegiado para enterarse de las noticias de último momento,como también acerca de la vida y costumbres de los vecinos de cerca y de lejos.

 

 La vida cotidiana en la pulpería “Los Ombúes”

“El día más trajinado en la pulpería Los Ombúes es el jueves”, cuenta Elsa, “porque al atardecer viene mucha gente a jugar al fútbol, al pool o al truco. Como en las pulperías de antes”, dice. 

“Y, como en los primeros tiempos ,se vende caña Ombú y ginebra Bols. Pero, ahora lo que más sale es la Coca con fernet y la cerveza. También antes se jugaba mucho a las bochas, pero los chicos de 15 o 16 años no saben qué es; ahora en cambio juegan mucho al pool” aclara Elsa. 

La familia de Elsa se hizo cargo de la pulpería hace ya 115 años. “El negocio lo compró mi abuelo en 1905; cuando falleció siguió mi abuela, y en 1952 pasó a manos de mi padre y sus dos hermanos; los tres atendían acá mismo”, cuenta mientras atiende a padres y madres que pasan con sus hijos, que acaban de salir de una escuela cercana.

Elsa es una auténtica lugareña nacida en el año 1955; se crióen el pueblo y tomó la posta del negocio familiar hace 28 años. Todas las mañanas abre la pulpería con precisión de relojero a “a las 8.30 y cierra a las 12.30, para reabrir desde las 17 “hasta las 9 o 10 de la noche, depende del día”. Su mayor orgullo, además de la comida casera cuya fama se extiende varios kilómetros a la redonda, es que “vendemos de todo, y si algo no está a la vista, se pregunta y se consigue para el día siguiente”, afirma con convicción.

Se nota por su espíritu dinámico e hiperactivo que es una auténtica ‘pulpera’, dispuesta a satisfacer con alegría y prontitud los requerimientos de todo aquel que, como en los tiempos de antaño, golpee a sus puertas. Ya sea un poblador local o turista, quien se llegue a hasta el interior de la pulpería Los Ombúes encontrará aquí todo lo que necesite para reconfortar tanto el cuerpo como el alma.

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