Marcelo Hidalgo Sola

Una moto por un puente griego de Palermo


Marcelo Hidalgo Sola invita a sumergirse con una mirada renovada en los vericuetos del Paseo del Rosedal. Un lugar que no se agota a la hora de brindar posibilidades de disfrute, descanso y recreación a quien se acerque a recorrerlo. Hoy ,un puente griego entre una marea de rosas y una fuente andaluza, nos cuenta sus secretos.

Es el puente más bello que tiene la ciudad. Su estructura se alza sobre las aguas verdes del lago tres de febrero en los bosques de Palermo y, si uno mira hacia abajo, se pueden ver grupos de espumosos patos que nadan, flotando como delicados y pomposos algodones acuáticos. También, los hay negros de pico amarillo, pero delgados y mínimos de cuerpo , que surcan las aguas con sigilo y son más huidizos ante los visitantes ocasionales. Entre ellos, se escurren los deslizadores a pedal que la gente alquila para navegar  y,de paso, pasar por debajo del puente griego para pedir quizás algún deseo. 

Quien desee explorar el Paseo del Rosedal de Palermo y apreciar toda su belleza de paisaje, fuentes, jardines y rosas , deberá dejar por esta vez su moto debidamente estacionada y disfrutar de un tour a pie por los senderos del lugar. 

Un recorrido que enseguida envolverá al visitante en un exquisito aroma a rosas ya que, a ambos lados de los senderos, se despliegan magníficos rosales que regalan sus flores de color rojo intenso, blanco inmaculado y pálidos rosa y durazno. Flores que lucen elegantes, vaporosas y fragantes, y obsequian su belleza serena bajo la luz del sol.Un jardín que el célebre paisajista francés Carlos Thays pensó en poblar con 93 especies diferentes de esta flor y lucirlas en un entorno arbolado y de verde espesura.

De puentes, artes  y flores

Con estos condimentos, sobra para quedarse horas-explica el guía amateur Marcelo Hidalgo Sola-  aquí, en el Rosedal de Palermo, uno de los paseos emblema de la Ciudad. Un espacio que  no escatima en belleza y en arte ya que, además del exquisito puente griego,las flores y el verde,  el arte está presente en un patio de esculturas que rinde homenaje a los poetas más importantes de todos los tiempos. 

En este rincón de la ciudad, la cultura, el arte y la naturaleza no están contrapuestos, sino que se complementan . El responsable de esta belleza salida de la mano del hombre fue Sarmiento. Su mente, siempre un paso más allá, ideó el Parque en la década de 1880 sobre los terrenos donde había estado la quinta de Juan Manuel de Rosas, quien fuera dos veces el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Sarmiento buscó elevar el espíritu de la gente y ofrecerle a los ciudadanos aire puro ,mejores condiciones de higiene naturales y educación mediante sitios de recreación abierto a todos  por igual.

El paisajista Carlos Thays, quien diseñó el Parque y el Rosedal, sostenía la idea  que era mejor para el alma y su bienestar, un lago con diferentes especies de árboles, rosas y plantas,  que los laberintos del lujo y la suntuosidad. Por ello , esta naturaleza casi salvaje, hoy en medio de una urbe de asfalto,ha sido debidamente “domada” por el hombre para brindar sosiego al ciudadano común de Buenos Aires.

Un puente que es un remanso de paz

Con el puente de estilo griego, recientemente refaccionado, que invita a soñar y elevar el pensamiento a lo alto; el Paseo de los Poetas –con bustos de Borges, Dante Alighieri y Shakespeare, entre otros– y el Patio Andaluz, con decorado vibrante hasta en los escalones, el Rosedal ofrece un paisaje de cuento.

Llegar al  “Puente de los suspiros” que es el otro nombre que recibe el puente griego, es llegar al lugar que se roba las miradas de todos los visitantes. Si uno quiere tomar alguna de las postales más bonitas de la ciudad, es preciso visitarlo. Para sacar las mejores fotos , es preferible concurrir en días de semana ya que durante sábado y domingo suele ser uno de los sitios más elegidos de los portenios para desenchufarse. Por más que sea uno de los lugares más populares de la ciudad, este clásico atrae a todos como un imán. 

El lugar ofrece una belleza que no se agota con los sucesivos paseos y vale repetir irremediablemente la visita para mirar pasar los botes, patos y admirar el paisaje que circunda el lago con su despliegue de vegetación exuberante. Ni que decir si uno está enamorado, hay que tener cuidado porque se corre el riesgo de no salirse nunca más de este mirador- puente que embelesa y brinda las postales más bonitas del Rosedal de Palermo y de una Buenos Aires agreste.

El puente griego, las rosas, el jardín de los poetas , los patos y el lago ofrecen la posibilidad de pasar un día tranquilo, de descanso y disfrute a un costo muy accesible. Solo hay que traer las ganas de pasarlo bien ya que el resto está dado natural y abundanemente.

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