133 MHS C1/ Una tarde en moto con Botero y los recuerdos de la infancia


Marcelo Hidalgo Sola nos lleva hasta el barrio de Retiro para conocer una monumental escultura de Botero. Allí, en los años 80 estaba ubicado el famoso parque de diversiones Italpark y hoy, se destaca una obra con la que el escultor colombiano nos invita a subirnos a una montaña rusa de sensaciones.

A veces cuando la nostalgia aprieta el alma es muy lindo y reconfortante volver a los lugares felices de la infancia. Allí, donde el sol nunca se esconde y todo es apacible y cálido, suave como un tenue haz de luz.

Por eso, para emprender un paseo por los recuerdos más queridos. no puede faltar la compañía de la moto, indispensable para pensar mejor. Sentir el aire en el rostro y disfrutar del recorrido con tranquilidad mirando cada postal que regala la ciudad, es un estímulo eficaz para saborear mejor las emociones que se van suscitando en el andar. 

Uno de esos lugares tan mágicos al que quiero regresar hoy, es al sitio en donde estaba el Italpark. Aquel parque de diversiones en donde pasé los momentos más felices de la infancia junto a mi familia y amigos. Hoy , de aquel parque no queda nada, solo un predio de suave pasto y árboles, devenido en una nueva plaza porteña. Un inmenso espacio con bancos , senderos y aparatos de gimnasio, ocupa hoy el lugar de aquellos magníficos juegos que nos hacían delirar de chicos : el zamba, el tren fantasma, los autitos chocadores,el Matterhorn. Y hoy , también, en aquel espacio, reluce algo que no puede pasar desapercibido para un amante del arte en la ciudad : una monumental escultura de Botero que parece un monolito de piedra oscura en medio de la nada. 

Descubriendo una obra de arte

La escultura que han emplazado del artista colombiano más famoso de todos los tiempos -explica Marcelo Hidalgo Sola-es un colosal Torso masculino de bronce bruñido que, a pesar de la inmensidad del lugar, amplio como un páramo, no pasa desapercibido para ningún transeúnte. 

La imponente estructura capta al instante la atención del visitante. Es una gran mole de contornos macizos, un bloque colosal que pone de relieve cualidades masculinas por antonomasia : la fuerza viril y una presencia que se impone por la naturaleza sola de las formas. 

La escultura, al estar emplazada en la inmensidad de un predio colosal y extenso como ella pierde quizás, un poco de su magnitud. Pero lo cierto es que, a pesar de ello,se alza a casi 4 metros de altura del suelo y se extiende 2, 50 hacia los lados abarcando simbólicamente el espacio contiguo.

Una obra caleidoscópica 

Contemplar a esta mole puede significar también, que de repente , la obra se abra a múltiples sentidos. Uno puede estar viendo algo particular y otra persona algo completamente diferente y ninguno estar alucinando. Ciertamente, cada segmento de la figura, si uno se acerca para mirar bien, en un momento cobra diferentes formas. Entonces, de pronto un tramo o parte del torso luce como un rostro humano en actitud meditativa. Los grandes músculos pectorales se van transformando en párpados prominentes que regalan una sensación de paz y le dan una actitud meditativa o zen a un ser que está allí , también, oculto en el bronce. 

Un dato de color para los curiosos que pueden pensar con pesar , la gran soledad en la que está inmersa esta obra . Este Torso masculino tiene su novia en Medellín, Colombia. Allí está la obra complemento o Torso de mujer, popularmente conocida como “La gorda”, en un espacio muy alegre y concurrido de ese país completando a el torso masculino de Buenos Aires.

Todos los artistas, de alguna manera, han deformado a la naturaleza de acuerdo a su propia visión del mundo y así también lo he hecho yo“ dijo Fernando Botero en una ocasión. Por eso, quien observe detenidamente a este torso con figura zen , podrá apreciar que el artista nos ha enseñado con esta obra, que la imaginación y el arte son medios para conectarnos con una parte de nosotros mismos que está llena de paz , calma y sabiduría. Solo hay que mirar con ojos nuevos todo lo que nos rodea , incluso lo que tal vez a primera vista nos parezca un poco “grotesco” e incompleto como este “torso” y animarnos a ir contracorriente. Quizás, que la obra esté emplazada en un lugar solitario e inmenso hace más significativo el sentido de la “soledad” que rodea a la escultura. El hombre zen que medita oculto en la piedra, nos ilumina y regala una perla de su sabiduría : tener paz en el interior es vencer a la misma soledad de estos tiempos tan ajetreados en los que vivimos.

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