Paseo en moto Barrio Retiro

La torre de “Los Ingleses” es sitiada por un par de motos


Marcelo Hidalgo Sola nos lleva, moto mediante, a conocer una torre que es emblema del barrio de Retiro y obsequio por parte de la comunidad británica por el centenario de la Independencia de nuestro país en 1016

La Plaza San Martín luce diferente los fines de semana. El lugar está en calma, se respira distensión, el león parece dormir: la estación de Retiro, el gran galpón y la terminal de pasajeros se sumergen en el descanso. La Plaza engalana su torre, la de ‘Los Ingleses’ y su perfil que apunta a los cuatro puntos cardinales, el tradicional reloj que imita al de la Abadía de Westminster y la cúpula de las campanas se dejan apreciar en su señorial estilo, reservado e inglés. Pero no todo fue siempre de este modo en el ajetreado barrio de Retiro.

Hacia 1856 la costa del río llegaba hasta unos pocos metros al pie de la barranca de la plaza San Martín. Todo lo que actualmente se encuentra al este de la avenida Leandro N. Alem era entonces el Río de la Plata, y allí se situaron en 1806 algunos barcos británicos para apoyar con sus cañones a las tropas invasoras que defendían Retiro del primer ataque de las fuerzas de Liniers, cuando empezó la Reconquista. El viento cambió súbitamente y hubo una gran bajante, con lo cual el Justine, un barco mercante inglés modificado para combatir, quedó varado porque se había acercado demasiado a la orilla. En un episodio inusual en la historia militar, un grupo de jinetes lo atacó a caballo y lo abordó, tomándolo. El avance lo condujo alguien que más tarde se haría célebre: el salteño Martín Miguel de Güemes.

Una tranquila postal porteña para ser recorrida en moto

Los vecinos aprovechan el fin de semana para utilizar la plaza como un espacio multipropósito-explica Marcelo Hidalgo Sola. Un desfile de bicicletas, padres y niños disfrutan de la gran explanada. También varios deportistas se animan a sacarle chispas a los roller y van a toda velocidad por los contornos. Algunos más tranquilos, aprovechan para dar varias vueltas y sudar la camiseta con una caminata a paso apretado para quemar más calorías. Muchos, cuyo espíritu es más valiente, no dudaron en abrigarse bien y aprovechar el césped para extender sus improvisadas mesas de pic-nic urbano de cara al sol. No es Palermo, pero quiere imitar su bienvenida a los porteños y vecinos que se adueñan del lugar cuando el aluvión de trabajadores, que de lunes a viernes cruzan la plaza como una gran marea urbana hacia las costas de sus oficinas, descansa. Y este lugar, se llena así de sol y de deporte.

La torre del reloj gira sus manecitas tranquilamente, indica la hora y nadie parece prestarle atención. Hoy, ella también descansa de sus funciones diarias de torre célebre. Aunque la tecnología la jubiló hace rato de su rol de dar la hora como una obligación del destino. En estos tiempos las gentes que se hacen a la mar en la City porteña, celular mediante, tienen todo lo que necesitan.

Su historia comenzó mucho tiempo atrás, al ser pensada como obsequio por parte de Inglaterra para nuestro país, en el marco de la conmemoración de la Revolución de Mayo, en 1910. Con la estación y la Plaza, constituyen un conjunto arquitectónico que a principios de siglo, lució como el máximo exponente del estilo “eduardiano” inglés, (por el rey Eduardo VII) en ingeniería, urbanismo y arquitectura.

Su diseño fue obra de Ambrose Poynter, y data de 1909, año en el que se esperaba comenzar con las obras para finalizarlas para la fecha del centenario, pero la piedra fundamental no pudo colocarse hasta noviembre de 1910, porque ninguna delegación británica vino a la Argentina en esa ocasión: el rey Eduardo VII, que nueve años atrás había heredado de la reina Victoria, su madre, la corona, se enfermó de bronquitis. Desoyendo a los médicos, decidió fumarse un cigarrillo en medio de su convalecencia, como un pequeño antojo. Pero, al destino, el hecho no le pareció para nada pequeño, ya que, el 6 de mayo, de 1910, por la tarde, luego de haberse fumado el cigarrillo prohibido, le dio un infarto, hecho que además de vestir de luto a su nación, nos vio privados de lucir la torre en tiempo y forma para la conmemoración del gran centenario de la Patria.

Pero el proyecto, aunque quedó trunco en ese momento, fue pospuesto para ser inaugurado en otro centenario célebre: el de la Independencia en 1916. Al evento de la inauguración vino un representante de la diplomacia británica llamado, curiosamente: Reginal Tower.

En esa ocasión, la torre lució, por primera vez, sus 70 metros de altura y su estilo de corte renacentista. El reloj de cuatro cuadrantes, cuyo carrillón es réplica del de la Abadía de Westminster, acompañó el tañido de las cinco campanas, de las cuales la principal pesa 7 toneladas. El cuerpo de la torre está revestido íntegramente de ladrillos rojizos, y cada ladrillo lleva diseños propios, emblemas de las tierras británicas: la flor de cardo, la rosa de la casa Tudor, el Dragón de Gales y el Trébol de Irlanda.

Hubo un tiempo que fue aciago para la “Columna Monumental” o la popularmente conocida Torre de Retiro; y, fue la época de la Guerra de Malvinas en 1982. La torre fue atacada, en un atentado simbólico hacia Inglaterra y, desde entonces ,luce un marco de rejas que protege y custodia el monumento, símbolo de la fraternidad entre dos naciones que va mucho más allá de los conflictos políticos. Luego de la finalización del conflicto bélico, enfrentada a la Torre Monumental, sobre la barranca de la plaza San Martín, se colocó el monumento a los caídos en la Gesta de las Islas Malvinas y del Atlántico Sur.

La torre está coronada por un bonito mirador, a 40 metros de altura. Desde allí, cuya vista equivale a la de un sexto piso, se puede apreciar como en una postal panorámica del barrio de Retiro, la terminal ferroviaria, el Puerto de Buenos Aires y la fabulosa estampa del Río de la Plata. Un piso más arriba del mirador, en el séptimo, se encuentra el reloj, motivo por el cual, también a la Torre se la conoce como Torre del reloj. Sus cuatro cuadrantes están hechos de opalina y miden 4,40 metros de diámetro, con un péndulo que, acorde a la estructura, mide 4 metros de altura y pesa 100 kilos.

La vista desde aquí es hermosa, lástima que sólo se habilite para funcionarios de la ciudad y, en contadas ocasiones, pueden acceder con permiso especial, algunos particulares. Así que por el momento, el grupo de los moto kultural se tuvo que conformar con dar algunas vueltas en moto a su alrededor para apreciarla en su totalidad y, estacionar la moto para disfrutar de un buen descanso de domingo al sol, en la plaza que bulle de gente y se ve tan linda.

 

 

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