Marcelo Hidalgo Sola : de motos , tritones, caballos y nereidas porteñas.


 

Visitar la Fuente de las Nereidas  permite apreciar y conocer una obra  de una belleza inaudita que, a pesar de estar relegada en los confines de la ciudad, atrae a numerosos visitantes. 

 

La fuente de Las Nereidas es la obra cumbre de la escultora tucumana Lola Mora. La belleza de sus formas: Nereidas, Tritones , Caballos y Venus le fue dada por la maestría de un cincel que delineó las formas femeninas de las diosas Nereidas y de Venus con un grado de realismo, encanto y poesía tal, que fueron más allá de lo que la sociedad de entonces podía tolerar en materia de representación humana. Por ello, para ser sacada de circulación de un modo elegante, desde 1903 se luce en los confines de la capital porteña, lejos de las miradas de todos, pero no del que la quiera encontrar. 

 

Lola Mora ejecutó ​​con maestría una obra que retrata el momento mitológico del nacimiento de la Diosa Venus. La fuente muestra a Venus surgiendo del mar con la ayuda de las Nereidas. Estas ninfas, descendientes del dios del mar Nereo, van acompañadas de tres tritones(personajes masculinos)y sus caballos, que celebran con bríos la ocasión. Los caballos, con la mitad de su cuerpo elevado en el aire, parecen saltar de gozo ante el nacimiento de la diosa que es presentada al mundo por las ninfas que la elevan hacia el cielo. 

 

“Las formas poéticas ,delicadas y etéreas de una Venus de tamaño natural destacan junto a la estampa de unos caballos majestuosos y soberbios que impactan al público por su calidad de ejecución. Parece un momento congelado en el tiempo, lleno de acción y dinamismo. Uno siente la fuerza y la magia del conjunto que es desplegado frente a los ojos – explica Marcelo Hidalgo Sola -. Se puede sentir el rumor del mar y de las olas impetuosas abrirse para dar paso a la llegada de la diosa Venus. Esta obra tiene sonido y drama en toda la forma de su conjunto escultórico”

 

Una obra en las orillas del escándalo

 

La fuente fue tallada en el atelier de Lola Mora en la ciudad de Roma y embarcada para la Argentina desde el puerto de Génova en el vapor “Toscana” , llegando a Buenos Aires en septiembre de 1902. Lola Mora había planeado montar su fuente en la Plaza de Mayo, pero sus planes fueron frenados en seco al desatarse una tormenta de escándalos. Por un lado, los críticos incrédulos ante el talento y la belleza de las piezas, cuestionaron sus habilidades como escultora, afirmando que sólo los hombres poseían la fuerza necesaria para cincelar piedra y ejecutar esas figuras. Otros se preguntaron sobre la relevancia de la temática de la mitología griega para la historia argentina y criticaron el carácter explícito de sus figuras. Como resultado, la Plaza de Mayo se consideró un lugar inadecuado para su emplazamiento debido a su proximidad a la Catedral. 

 

Durante meses se debatió dónde colocar la “escandalosa e inmoral” fuente, a la que nadie dudó de considerar como una verdadera obra de arte, con sugerencias que iban desde Mataderos hasta el Parque Patricios o cualquier otro radio en las afueras de la ciudad. La idea era relegar la fuente a zonas donde sólo pudiera ser vista por aquellos que estaban al margen de la sociedad, lejos de las miradas indiscretas de los ciudadanos respetables.

 

Buscando enclaves para una fuente

 

Este plan pudo ser cumplido por etapas ya que en un principio, la fuente se instaló –por la gestión expresa del general Bartolomé Mitre– muy próxima a la Avenida de Mayo, en una zona elegante y distinguida, centro de la actividad financiera de la ciudad . Allí, fue inaugurada el 21 de mayo del año 1903 en la intersección del entonces Paseo de Julio (hoy Leandro N. Alem) entre Cangallo ( J.D.Perón) y Piedad ( hoy Sarmiento), luego de un acto oficial parco y opaco , pero con la concurrencia de un público, fervoroso y numeroso, que no pareció escandalizarse en absoluto por los desnudos de Venus y las ninfas sino que se mostraba orgulloso de tener en la ciudad una obra de arte de tal magnitud.

 

Venus, las Nereidas , los Tritones y Caballos resistieron estoicos las miradas de desaprobación algunos años más hasta que en 1918, se buscó dar fin a la polémica que cada tanto incendiaba el debate público urbano.Durante la gestión del Dr. Joaquín Llambías como intendente municipal , la colosal fuente fue trasladada a una zona cercana al río, al Balneario de la Costanera Sur, que se había inaugurado recientemente. Allí,se pensó que sus formas naturales y oceánicas podrían realzar la elegancia del romántico paseo costero y darle un aire aún más categórico. 

 

Sin embargo, las autoridades abandonaron a la escultora en la misión de emplazar la fuente en el nuevo destino. Fue la propia artista quien dirigió el traslado y el nuevo montaje de su obra  afrontando personalmente los costos. Gracias a que confió en que el tiempo saldaría la deuda de ingratitud con su trabajo, se confió a la tarea de dejar que el agua corra y luego de emplazada la fuente de las Nereidas, simplemente siguió creando. 

 

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