Marcelo Hidalgo Sola propone un particular recorrido en moto que invita a levantar la mirada para asombrarse con la vista de los balcones más bellos que tiene la ciudad de Buenos Aires .
Buenos Aires, se destaca entre las capitales del mundo por tener más de un balcón célebre. Entre los más afamados, podemos destacar el de la Casa Rosada, conocido a nivel internacional por la histórica foto de Evita y Juan Domingo Perón en la que aparecen fundidos en un abrazo que dio la vuelta al mundo.
También, pero conocido más a nivel local, tenemos los balcones del triste y reflexivo poema de Baldomero Fernández Moreno, “Setenta balcones sin ninguna flor”. En este poema , los balcones -70 exactamente- fueron los que despertaron tristeza en el poeta por evidenciar todos ellos, la falta de vida y colorido; una postal cercana a la desolación, reflejo de la frialdad presente en las grandes urbes.
Sin embargo, hay un par más frente a los que vale la pena detener la moto y ,en silencio , con la debida calma y quietud, disponerse a contemplar la belleza que regalan. Es que, verdaderamente , la ciudad posee balcones muy hermosos que fueron realizados durante las dos primeras décadas del siglo XX y permanecen ocultos dentro del follaje urbano. Piezas únicas que fueron elaboradas en aquellos años en donde todo era esplendor en una Argentina pujante, que, como gran potencia económica, desplegaba su sueño de verse europea, y que para tal fin, trajo a los arquitectos “modernistas” más destacados del mundo. Ellos crearon en Buenos Aires un verdadero festín visual, realizando en sus diferentes rincones auténticas perlas para que luzca la bien nombrada “reina del plata”.
Cuando la naturaleza inspira la creación arquitectónica
Uno de los ejemplos de balcones más bellos, es el de la llamada Casa de los Lirios (1905)- explica Marcelo Hidalgo Sola- ubicada en avenida Rivadavia a la altura del 2031 de su numeración . En este edificio, en la fachada se pueden apreciar racimos de flores y ramas que, bellamente modeladas en cemento, se extienden sobre toda la superficie de la fachada del edificio. Pero, es puntualmente en el diseño de los balcones, en donde puede verse la inconfundible impronta que le dio su identidad : la obra del célebre catalán Antonio Gaudí, quien fuera el excelso creador de la Iglesia de la Sagrada Familia ubicada en Barcelona.
Gaudí fue un gran enamorado de la naturaleza, en ella se refugiaba y encontraba su fuente de inspiración. En sus construcciones, el genial artista, buscó imitar las formas presentes en cada elemento de la creación y a sus edificios, les dió las características del agua, del mar y del viento . Por eso la Catedral de la Sagrada Familia se asemeja a la figura de un castillo modelado por un niño con arena mojada.
Si llevamos su estilo a los balcones porteños, vemos en ellos los diseños de la herrería que , en ondulaciones casi imposibles del metal, simulan olas circundadas por ramas y flores que en su sinuoso camino, parecen reptar y adherirse a la pared como lo hace la hiedra natural.
Las curvas de estilo clásico de la herrería de corte Art Nouveau, adquieren aquí una armoniosa prolongación en la mampostería de los bow-window que forman el eje del foco visual central en cada uno de los pisos. Por ejemplo, si prestamos atención a los detalles que tienen las ménsulas del soporte del balaustre en lo más alto del edificio veremos los dégradés de tipo escalonado en donde se lucen las formas con movimiento y cadencia natural , típica del movimiento Art Decó.
Otras notas de inspiración griega
También en la cornisa de la Casa de los Lirios vemos diseños de inspiración griega. Allí, la figura de Eolos el dios del viento, trae la pureza de la tradición clásica. Su rostro moldeado en yeso, destaca los rasgos de un anciano sabio, de largos y etéreos cabellos, en el remate sobre el punto más alto de la distinguida Casa de Lirios.
La puerta de entrada principal a la Casa de los Lirios, también ofrece la vista de un diseño en el que ningún detalle fue librado al azar. Al igual que conjunto de rejas de sus balcones, fue realizada en hierro repujado, y su diseño fue pensado para guardar simetría con el un patrón que presenta el modelado de los cabellos de Eolos, que decoran y engalanan la cornisa. Estos detalles son los que le dan armonía y unicidad al conjunto arquitectónico de la Casa que, sin dudas, es único dentro del concierto urbano de los edificios porteños.
La Casa de los Lirios, en la actualidad , es considerado un edificio emblema para la ciudad. Por ello, fue distinguido por el Departamento de Patrimonio porteño para recibir la debida protección por el Departamento de Conservación del Patrimonio urbano para una debida y adecuada preservación.