Camila O’Gorman y Manuelita Rosas

En moto hasta el ‘aromo del perdón’ de la Plaza Sicilia


Marcel Hidalgo Sola invita a un singular paseo en moto hasta Plaza Sicilia, en donde se encuentra el poco conocido ‘aromo del perdón’, un sitio histórico que recuerda un triste episodio que involucra la historia de Camila O’Gorman, y la súplica que por su vida hiciera, su íntima amiga, Manuelita Rosas.

Existe un árbol bautizado “el aromo del perdón” que sobrevive desde 1800 en lo que hoy son los bosques de Palermo, más precisamente en la plaza Sicilia. Es un arbolito que parece ceder, pero que resiste el paso del tiempo y fue plantado por la hija de Juan Manuel de Rosas. La historia es así: Manuelita era muy amiga de Camila O’Gorman, la joven que durante el segundo mandato de Juan Manuel de Rosas se enamoró perdidamente de un sacerdote, escapó con él y terminó siendo ejecutada aunque estaba embarazada. Está documentado que Camila le había enviado una carta a Manuelita pidiéndole que no la persiguieran. Cuando la recibió, Manuelita intentó sumarse al pedido de piedad de Camila, pero su padre se irritó de tal manera que ordenó que se ejecutaran a los dos “reos”, a Camila y al sacerdote.

La historia de Camila, una rebelde dentro de la aristocracia porteña.

Camila era diferente, un espíritu libre. En la sociedad post colonial de mediados del siglo XIX, su impronta enérgica y divertida como quinta, de seis hijos de una respetada familia rica porteña de ascendencia mixta irlandesa, francesa y española-, era el distintivo que la hacía brillar en las fiestas de la aristocracia.

Le gustaba la lectura y leía con una avidez poco frecuente. Su inteligencia y perspicacia, le tenían asegurado un destino de dama central en la alta sociedad argentina de entonces. Además era amiga íntima y confidente de la hija de Juan Manuel Rosas, la popular Manuelita. Todos, – explica Marcelo Hidalgo Sola– le auguraban un casamiento inolvidable, una vida acomodada y confortable en un mundo rodeado de sirvientes y amanuenses.

Sin embargo el amor le jugaría una mala pasada y nadie podría sospechar que pocos años después de su gran presentación en sociedad aquella muchacha llena de vida sería fusilada por haberse enamorado del hombre equivocado: un cura jesuita tucumano, hijo de la aristocracia norteña, del que además había quedaría embarazada.

Camila vivía con su familia en la esquina de Corrientes y Cerrito, a metros de donde hoy está el obelisco. Y entre sus pasatiempos favoritos, no sólo estaba el comprar y leer inapropiados para una dama como ella, sino que además asistía a diario a misa sola, sin dar mayores explicaciones.

La Iglesia del Perpetuo Socorro, en Juncal y Suipacha fue el escenario de los hechos, del nudo de la historia. Allí, Camila y el padre Ladislao Gutiérrez avanzarían en una relación pasional, que no pudiendo contener, sin saberlo se convertiría en el escándalo más ruidoso de la sociedad porteña entre 1847 y 48.

Cuando los rumores fueron confirmados en aquella Gran Aldea, y circuló el rumor de un embarazo, se conjugaron todos los elementos de una tragedia clásica: los tórtolos quedaron en el centro de un escándalo político lleno de resonancias, con el propio padre de la dama pidiendo a Rosas que interviniera y la Iglesia procurando asordinar el ruido que la situación generaba

La súplica de la hija de Rosas por su amiga se hizo bajo lo que hoy se conoce como “el aromo del perdón” o el “aromo de Manuelita”, donde ambas se sentaban a charlar y a tomar mate y donde Manuelita habría llegado a arrodillarse ante su padre pidiendo comprensión por Camila. Ese árbol hoy puede identificarse porque está levemente cercado en la zona de los bosques de Palermo. En 1974 se dispuso, por medio de una resolución nacional, que se hiciera un perímetro a la altura de su leyenda. Se colocó entonces una pequeña placa que invoca parte del hecho histórico. Pero lo que ese recuadro metálico no cuenta es la penuria que encierra otra historia de súplicas y desdichas familiares.

La quinta de Rosas en Palermo

En lo que ahora es el cruce de las avenidas del Libertador y Sarmiento estaba la quinta y el caserón de quien fuera gobernador de Buenos Aires en dos oportunidades, Juan Manuel de Rosas. Una de las entradas a la impresionante estancia se encontraba donde hoy está el ingreso al zoológico. Hacia 1838, cuando Rosas empezó a acumular terrenos, el barrio de Palermo era una larga franja de quintas y chacras. De 1839 a 1852, el mandatario vivió en una residencia que se hizo construir en estilo colonial y con miradores hacia todos los ángulos. La finca de Rosas fue finalmente demolida en 1899. Y los expertos aseguran que todavía pueden encontrarse rastros de aquella residencia desperdigados por el parque.