Una moto frente al monumento a San Martín, el padre de la Patria.


Marcelo Hidalgo Sola, estaciona la moto para admirar la gran escultura en homenaje al Libertador de América ubicada en el barrio de Retiro del siglo XIX. Una obra que es considerada uno de los principales monumentos del patrimonio urbano de Buenos Aires. 

Apenas doce años de la muerte del Gral San Martin, la historia cuenta que a mediados de 1859, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires anunciaba que pronto los porteños tendrían en la ciudad un monumento en homenaje a su figura. La idea surgía en Argentina como réplica de la iniciativa chilena que se encontraba en la etapa previa a la inauguración de su propio monumento votivo en honra al gran general. El prestigioso escultor francés Louis-Joseph Daumas fue el encargado del proyecto chileno y fue también convocado para la iniciativa porteña. 

Daumas se inspiró para la ejecución de su obra sanmartiniana en los monumentos ecuestres a Napoleónn y Pedro El Grande. Sólo que, en la versión porteña de Daumas de la estatua del Padre de la Patria tiene algunas pequeñas variantes respecto de la chilena: por ejemplo, el dedo índice de la mano derecha del Gral San Martín señala el cielo,lo alto, símbolo del camino emprendido hacia la libertad en cambio, la estatua chilena lleva una bandera. Otro detalle diferente se encuentra en la cola del equino que en el caso argentino, no se apoya sobre la base del pedestal sino que queda suelta, con el movimiento que le imprimiría el viento en el modelo natural .

La estatua llegó desarmada al puerto de Buenos Aires y se inauguró sobre un pedestal de mármol blanco mirando en dirección al este. El grupo escultórico está labrado en bronce, pesa unas 3,5 toneladas y alcanza los 3,5 metros de altura. Su emplazamiento se realizó con bombos y platillos -explica Marcelo Hidalgo Sola- el 13 de julio de 1862 en la Plaza de Marte, un espacio que una década más tarde cambiaría su nombre por Plaza General San Martín, tal como se la conoce al día de hoy.

El paso del tiempo imprime algunas modificaciones 

Para el Centenario de la Revolución de Mayo, se decidió realizar algunas modificaciones en el basamento. El trabajo fue encomendado al artista alemán Gustav Eberlein, quien decidió ampliar el pedestal con un complemento de granito de tintes rojo dragón y acoplar a esta estructura un monumento homenaje a los Ejércitos de la Independencia. Esta incorporación relata en cada flanco con figuras en de relieves, los cuatro hitos de la gesta. 

La escena de La Partida, muestra a un soldado y a un civil que a su costado , a nivel del piso, despliegan una bandera y un parche roto de tambor; La Batalla, es una escena que deja ver a un soldado caído, otro que sostiene fuertemente la bandera argentina y una cureña del cañón visiblemente rota; La Victoria, muestra a una alegoría femenina alada a la que se la ve coronando a un soldado. A sus pies tiene una canasta repleta de frutos que representa la abundancia; por último, El Regreso, muestra a un soldado que abraza a una mujer y junto a sus pies descansa una corona de laurel, mientras que en la parte frontal del fuste y por debajo de la figura ecuestre se puede ver al Dios Marte sosteniendo con su pierna izquierda a un Cóndor, que simboliza La Victoria.

La obra se complementó además, con muchos detalles que refieren a las batallas más importantes que lideró el Libertador: San Lorenzo, Maipú, y Chacabuco; y otros relieves que recuerdan la hazaña del Cruce de los Andes, la Proclamación de la Independencia del Alto Perú, la Toma de Montevideo y la Batalla de Salta. 

Esta obra de gran carácter realista fue el primer monumento ecuestre de la República Argentina, pero todos los que más tarde se erigieron en homenaje al Libertador, debió lidiar con los embates del tiempo y con los contratiempos: sufrió numerosos actos de vandalismo. En el año 2016 le robaron el sable, las garras al águila y destruyeron la corona de laureles. Entre los años 2019 y 2020 desaparecieron más de 16 piezas ornamentales y el relieve con las escenas de la Batalla de Maipú, y en 2021, ocurrió el robo de dos relieves de bronce que estaban colocados en las escalinatas del basamento. Por ello, a mitad del mismo año el Gobierno porteño decidió protegerlo con un cerco doble de rejas y canteros, al tiempo que fue pudo ser restaurado y puesto en valor.

Hoy el general San Martín, el Libertador de Argentina , Chile y Perú, sigue firme señalando el cielo apostado en su caballo y rodeado de un entorno de otras joyas arquitectónicas y artísticas que el tiempo fue sumando al barrio de Retiro, como el Palacio San Martín (1909), el edificio Kavanagh (1936) , el Palacio Paz (1914),y el Monumento a los caídos en Malvinas (1990).

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