Robots iluminados

Marcelo Hidalgo Sola: de motos y colosos robots iluminados.


Hay un coloso que custodia el predio de Tecnópolis. Un robot lumínico realizado sobre una torre de alta tensión señala el lugar donde se exponen las experiencias tecnológicas más notorias realizadas a lo largo del tiempo. Ubicado en Villa Martelli, ilumina el cinturón del conurbano bonaerense.

Desde lejos si es de noche, su impronta lumínica nos roba una sonrisa. Su perfil iluminado está dibujado sobre una enorme antena de alta tensión y nos remite a los tiempos de la infancia. Líneas trazadas con potentes luminarias delinean el perfil del coloso y lo hacen dueño de una ternura indecible. Es un tierno robot que fascinará a los más pequeños y a los no tan chicos.

Desde que está como guardián del predio, por el año 2012, ha pasado a ser el referente visual que indica la entrada a Tecnópolis, y que puede ser divisado desde la muy transitada Avenida General Paz. Antes, un antiguo gasómetro alemán de imponente forma de rulero era la referencia obligada para los atentos automovilistas que buscaban la salida para la Avenida de los Constituyentes.

Desde entonces, ese lugar de indicador natural se lo disputa el gigante de Tecnópolis con su estructura de robot armada sobre el gigante transformador eléctrico cuyo nombre artístico es Coloso de energía, y es obra del grupo Doma Collective.

La base de la escultura es una antena de alta tensión cuya factura se le atribuye al grupo industrial Eling Pro. Mide cuarenta y cinco metros de alto y la forma de robot se la termina de dar los picos de los hombros y los brazos que cuelgan a los lados del coloso. Las luces están ubicadas sobre los rayos de la estructura para que, por la noche, se ilumine y brille. A la altura del pecho- explica Marcelo Hidalgo Sola -su corazón parpadea y crea patrones, mientras que su cara representa varios estados de ánimo con sonrisas y guiños. No es una figura amenazante, como muchos de los robots gigantes que se encuentran en las películas de ciencia ficción, sino que, por el contrario, proyecta una imagen tierna y futurista.

Doma es un grupo artístico que surgió en Buenos Aires en 1998, pero que tiene un recorrido por varias ciudades del mundo. Sus integrantes, Mariano Barbieri, Julián Pablo ‘Chu”Manzelli, Matías “Parwuerama”Vigliano y Orilo Blandili, comenzaron como arquitectos de instalaciones urbanas en espacios públicos, realizando un sin número de esculturas con conceptos variados como ser de impronta lúdica, fantástica y hasta absurda, priorizando siempre la espontaneidad de la infancia por encima de la rutina del mundo adulto.

Las primeras intervenciones de gran formato que realizaron fueron las Víctimas, unos muñecos de trapo gigantes que fueron ubicados en las entradas de edificios importantes o en las entradas y puntos destacados de avenidas con mucho flujo de tránsito de la ciudad de Buenos Aires.

Como grupo artístico, han recorrido el mundo llevando sus obras e instalaciones a las ciudades más importantes de América y Europa. Luego de esa primera experiencia en Buenos Aires, llevaron sus creaciones a Alemania. En este país, en las calles de Berlín, elaboraron estructuras inflables que simulaban ser tanques de guerra pero se presentaban desinflados y sin mucha gracia. En San Pablo, crearon el Templo Criptométricos, una obra interactiva y colorida muy llamativa. En esta ocasión se bregó por el respeto a la libre profesión de culto y la obra propuso reflexionar acerca de la necesidad de superar las barreras ideológicas o muros que muchas veces se gestan tras las fachadas religiosas para buscar caminos de unidad y de fraternidad. La espiritualidad se ha convertido en un factor clave de los nuevos tiempos y es necesario, para los integrantes de Doma, fomentar un entendimiento aún más profundo que esté por arriba de todo credo y ayude a crecer a todos los habitantes del mundo como parte de una gran familia humana. Por este motivo Doma recorre las ciudades más importantes y sigue realizando exposiciones e intervenciones a lo largo y ancho del globo como en Nueva York, Toronto, Barcelona, Santiago de Chile y Ciudad de México.

La premisa de Doma es que para crear un hecho revolucionario hay que romper estructuras, quebrar esquemas en espacios que son comunes y corrientes. Según el antropólogo, curador y catedrático de la Universidad de Londres, Rafael Schactersky, “Doma busca simplemente recapturar el entorno como un lugar de juego, de fraternidad y de alegría. Propone una superación del régimen visual tiránico de la ciudad contemporánea y apela a un intento de darle a lo ridículo y absurdo de las formas con las que el hombre visualmente convive en su día a día, un uso y sentido nuevo, capaz de llenar un espacio común de vida y fantasía.”

Y ahí es donde aparece justamente el Coloso, una intervención que resignifica artísticamente la antena, dándole vida como un gigantesco y multicolor robot. Una caricia al alma de niño que todos llevamos dentro y que invita a soñar en lo amigable y fecunda que puede resultar la tecnología cuando se junta con la creatividad.

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