Con Ignacio Sáenz Valiente recorremos en moto Buenos Aires.


Este fanático de  los circuitos turísticos  y guía amateur, nos invita a conocer en moto  algunos de sus lugares favoritos  de la ciudad.

Pasear por Buenos Aires es un regalo para los sentidos, sobre todo para quienes  lo hacen con ojos de turista. Cada rincón tiene historia, encanto y magia.  Si lo sabemos apreciar y nos dejamos sorprender por lo que nos explican los guías de turismo, o los conocedores expertos , cada parada en el camino nos adentrará en una pequeña aventura que nos invitará a querer seguir descubriendo la ciudad y su rincones.  Y, para los fans de las motos, el recorrido tendrá un plus de encanto , por supuesto.

En esta oportunidad la moto se adentrará en los rincones del Barrio de Palermo. Lo ideal es que el recorrido arranque a media mañana, un día de sol y tranquilo de algún fin de semana, para que el paso sea relajado y sereno.

 Estacionamos con la moto frente al monumento al Perro Policía

La primera parada la realizamos frente al cuartel de la Policía Montada en Av. Figueroa Alcorta al 3700. Bajamos e ingresamos al predio de  jardines voluptuosos de la mano de Ignacio Sáenz Valiente ; allí  se encuentra la estatua de bronce que rinde homenaje al perro  Chonino, un auténtico héroe que murió en el cumplimiento del deber. La figura del animal asoma erguida desde un pedestal ubicado a la altura de avenida Casares, antes de llegar a Figueroa Alcorta. Desde ahí  aún hoy en día sigue vigilando el ovejero alemán más condecorado de la División Canes de la Policía Federal.

Chonino fue reclutado de cachorro en la fuerza , de pequeño ya era muy travieso y alegre y pronto se ganó el cariño de todos . Le encantaba ladrar a las motos y a los caballos de la gendarmería, pero pronto aprendió a cumplir órdenes como un integrante más del grupo de oficiales. Chonino prestó servicio durante 6 años , hasta el 2 de junio de 1983. Esa tarde fue asignado para un patrullaje junto a dos suboficiales. Durante la ronda, los policías pretendieron identificar a un sospechoso y el hombre respondió a los tiros. Un efectivo resultó herido y Chonino entro en acción, aunque terminó con un balazo que lo mató en el acto.  La crónica policial indica que, aún malherido , Chonino guardó entre sus fauces un trozo de campera del delincuente . Ignacio Sáenz Valiente nos explica que  gracias a eso , el delincuente que huyó en moto, pudo ser   localizado y detenido, ya que en ese trozo de tela que Chonino guardó en sus fauces se encontró el documento de identidad del malhechor.

Los restos del ovejero alemán descansan en el Círculo de la Policía Federal, pero en la sede de la división donde “trabajaba” Chonino. Allí hoy se levanta el monumento en su honor, el querido ovejero cuya valentía será recordada por todos sus compañeros de misión en la fuerza.

 En moto tras las huellas de la Campana de la Paz en Palermo.

 Luego de visitar la tumba de Chonino, cerca de allí,  se encuentra en Av Casares al 2900 la famosa campana de la paz, en el predio correspondiente al Jardín Japonés . El trayecto en moto hasta este punto turístico puede demorar 10 minutos y pronto se estaciona frente a un verdadero oasis de paz.  Allí se encuentra esta particular campana que se hace oir sólo dos veces al año. Y resulta un acontecimiento cargado de un simbolismo que muy pocos conocen. La campana de la paz se encuentra a pocos metros del emblemático puente curvo del color rojo (taiko bashi) que conduce a la “isla de los dioses”. Esta ubicada debajo de una estructura de madera, de casi 5 metros de alto y techo a cuatro aguas, hecha con quebracho colorado traído del Santiago del Estero. Y nadie autorizado puede acercarse a tocarla.

Sólo dieciséis de su tipo hay en el mundo. En Japón se la conoce como Tsuri-Gane y, a diferencia de las que conocemos , no tiene badajo, sino que se la hace sonar con un madero colgante que va atado a uno de sus lados. La campana está hecha en hierro y tiene metales , medallas y monedas acuñadas de más de cien países. Fue inaugurada en febrero de 1998 con motivo del centésimo aniversario de la firma del tratado de amistad argentino-japonesa.

El tercer martes de cada septiembre su sonido reverbera y trasciende los confines del jardín. Cada una de las 16 campanas de la paz en todo el planeta suenan juntas para celebrar el Día Internacional de la Paz. También a fin de año el campanario se vuelve centro de atención: los tañidos de la campana despiden al año viejo y llaman los buenos augurios para los próximos doce meses. La fiesta forma parte de una tradición budista que indica que deben sonar 108 campanadas, un día del año y en simultáneo con otros sitios del planeta. La razón es porque en el  budismo se piensa que cada hombre tiene 108 pecados y que, con cada repique, puede reconocerlos y desecharlos. De este modo su corazón encontrará la paz necesaria para afrontar con sabiduría los desafíos que le toquen en suerte.  El concepto de hermandad  debe aterrizarse en una filosofía práctica ,  concreta y cargada de detalles que en lo cotidiano,  deben hacerle pasar a nuestros semejantes  una jornada mejor . Y todo, por el simple hecho de desearle la paz, de ayudarlo en algo concreto o por demostrarle nuestro cariño  en pequeños gestos o detalles.

Luego de este breve itinerario, seguramente volveremos de nuestro paseo en moto con mucha paz y gratitud en nuestro corazón, por haber despertado en él nobles ideales. La naturaleza con el ejemplo de servicio y coraje de Chonino , nos hizo reflexionar acerca de la lealtad que debemos a nuestras queridas mascotas y animales que nos ayudan , prestan servicio y nos defienden. Y la campana de la Paz es un homenaje a despertar la más anhelada conquista del corazón humano: la paz.

        

 

 

 

 

 

 

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